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Mostrando entradas de enero, 2019

Pensando en todas las cosas

Pensando en tus mentiras y reproches, llegue a una conclusión: estoy cansada de la gente, me cansan sus silencios, las palabras que callan por miedo, su incapacidad de captar indirectas, su insensibilidad, sus vistos, sus frases cortas y simples, sus medias verdades, sus quiero y peros, sus excusas disfrazadas y su egocentrismo. Me cansan y me confunden. Por eso también he llegado a otra concusión, primero YO.

Recuerdos

A veces se siente que hayan pasado vidas enteras entre mi presente y mi pasado, a veces se sienten como recuerdos de otras gentes, externas a mi, a veces quiero volver a ellos y otras quiero borrarlos por completo de mi memoria para evitar toda posible comparación, para evitar la añoranza y la abismal melancolía que se abre paso en mi pecho. A veces, y solo a veces me da por querer olvidar hasta mi nombre, para así olvidar también el tuyo.

Nada es igual

Quiero mirarte y sentir que aún sigo sintiendo, quiero mirarte y sentir que deseo tus caricias, quiero mirarte y verme reflejada en esos ojos cristalinos y que un día creí sinceros, quiero mirarte y vernos, a ambos, quiero mirarte y perderme en tu mar de intensidad y promesas. Quiero mirarte de la misma forma en que lo hice ayer, pero hoy no soy la misma mujer que fui ayer y mañana no seré la misma que soy hoy. Y sin embargo, siempre habrá un después de ti, siempre habrá un después de ella.

Fuiste

Fuiste como Proserpina para su madre, Ceres, fuiste como la antorcha para Prometeo, fuiste como la manzana de París para las diosas, fuiste como la belleza e inteligencia de las mujeres para Zeus, fuiste como la tentación de Psique,  fuiste todo lo bueno y todo lo malo que le puede ocurrir a alguien en vida, fuiste mi luz en los momentos más oscuros, fuiste mi tormenta durante las largas noches de insomnio. Fuiste, puede que ese sea el problema, que fuiste y que ya no eres.

Olvido

Le he escrito mil cartas al olvido, aún sigo esperando su respuesta. Le he escrito implorando clemencia, rogando que por favor acuda en mi ayuda de una vez, sobre todo en las noches cuando la falta de su calor es más que evidente y los pensamientos me persiguen en pesadillas disfrazadas de dulces sueños. Le he escrito porque necesito ayuda para lograr quemar el recuerdo de su voz, a veces dulce y cálida otras ronca y excitante; sus delicadas y atentas caricias; el agridulce sabor de sus labios y el constante escalofrío de sentirle junto a mi. Olvido, si estas leyendo esto sabrás que he renunciado a tu auxilio y que ahora acudo a soledad.